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EL TUNEL DE LA MUERTE
“Recuerdo que en la sala de urgencias los médicos y yo estábamos viendo un cuerpo, yo ya no sentía miedo, me acerque porque quería ver quien estaba ahí tendido inerte frente a mi”
En la sala de un hospital en Tunja, algunos años atrás, los médicos luchaban por mi vida que tendía de un hilo, un momento que parecía mas ficción que realidad. - Que frágil es la vida - me imagino desde este punto donde no soy consciente de lo que paso esa noche. Aveces pienso en que mundo me encuentro, aun sin saber la mitad de lo que este abarca.
Los médicos me diagnosticaron una enfermedad mortal, durante dos meses todo fue cada vez peor, baje por lo menos 15 kilos, mis huesos eran tan visibles como un esqueleto de un laboratorio en algún colegio, no tenia alientos ni si quiera para pensar, y es que en ese estado es aun mejor no pensar.
Pasadas las 10 de la noche uno de tantos días en este hospital, las cosas se tornaron difíciles. Sentí que la vida no me daba para más y como un sexto sentido empece a hacerme a la idea de la muerte, y - que temerosos somos todos cuando nos enfrentamos a lo desconocido.
Mis signos vitales empezaron a desvanecerse, los médicos corrieron a mi auxilio, solo podía escuchar los rodachines de la camilla, la gente a mi alrededor no se preocupaba más que por su propia pena.
Recuerdo que en la sala de urgencias los médicos y yo estabamos viendo un cuerpo, yo ya no sentía miedo, me acerque porque quería ver quien estaba ahí tendido inerte frente a mi, mas no recordaba porque me encontraba allí. - ¡Dios mio! Exclamé al darme cuanta que el que estaba tendido frente a mi era mi cuerpo que palidecía, estaba irreconocible, yo era la muerte?, depronto todo se torno confuso, como si todo fuera más rápido que la velocidad de la luz, me encontré luego en un túnel oscuro, no sentía miedo, ni frío, ni calor, solo un vacío, un vació inmenso!. Entonces, inexplicablemente, como lo que pasó esa noche, empece a lebitar y a medida que avanzaba unos susurros se hicieron cada vez más fuertes en mis odios, luego se transformaron en lamentos.
De los muros miles de manos frías, salieron de la nada, querían detenerme, la verdad es que ni yo misma soy consciente de mi rumbo en aquel desconcertante instante, las manos me cogían cada vez con mas fuerza y mi camino era ahora más largo. Empece a sentirme cansada, al final del túnel solo vi una luz que me inspiró una vasta sensación de tranquilidad, cada vez era mejor. Cuando mis últimos pasos se acercaban a lo que para mi era el final, ese sentimiento de plenitud, regresé como cuando rebobinan una película para verla una vez más, un salto me levantó de la camilla, escuche de nuevo mis propios latidos, luego el sonido de las maquinas a las que estaba conectada, y volví a sentir dolor.
Hoy aun sin entender si conocí lo que hay después de la muerte, han pasado 24 años, soy una mujer casada y tengo 2 hijos, ahora si entiendo el milagro de la vida.
Tatiana Medina Botero
Ilustración: Maestro Diego Muñoz
En la sala de un hospital en Tunja, algunos años atrás, los médicos luchaban por mi vida que tendía de un hilo, un momento que parecía mas ficción que realidad. - Que frágil es la vida - me imagino desde este punto donde no soy consciente de lo que paso esa noche. Aveces pienso en que mundo me encuentro, aun sin saber la mitad de lo que este abarca.
Los médicos me diagnosticaron una enfermedad mortal, durante dos meses todo fue cada vez peor, baje por lo menos 15 kilos, mis huesos eran tan visibles como un esqueleto de un laboratorio en algún colegio, no tenia alientos ni si quiera para pensar, y es que en ese estado es aun mejor no pensar.
Pasadas las 10 de la noche uno de tantos días en este hospital, las cosas se tornaron difíciles. Sentí que la vida no me daba para más y como un sexto sentido empece a hacerme a la idea de la muerte, y - que temerosos somos todos cuando nos enfrentamos a lo desconocido.
Mis signos vitales empezaron a desvanecerse, los médicos corrieron a mi auxilio, solo podía escuchar los rodachines de la camilla, la gente a mi alrededor no se preocupaba más que por su propia pena.
Recuerdo que en la sala de urgencias los médicos y yo estabamos viendo un cuerpo, yo ya no sentía miedo, me acerque porque quería ver quien estaba ahí tendido inerte frente a mi, mas no recordaba porque me encontraba allí. - ¡Dios mio! Exclamé al darme cuanta que el que estaba tendido frente a mi era mi cuerpo que palidecía, estaba irreconocible, yo era la muerte?, depronto todo se torno confuso, como si todo fuera más rápido que la velocidad de la luz, me encontré luego en un túnel oscuro, no sentía miedo, ni frío, ni calor, solo un vacío, un vació inmenso!. Entonces, inexplicablemente, como lo que pasó esa noche, empece a lebitar y a medida que avanzaba unos susurros se hicieron cada vez más fuertes en mis odios, luego se transformaron en lamentos.
De los muros miles de manos frías, salieron de la nada, querían detenerme, la verdad es que ni yo misma soy consciente de mi rumbo en aquel desconcertante instante, las manos me cogían cada vez con mas fuerza y mi camino era ahora más largo. Empece a sentirme cansada, al final del túnel solo vi una luz que me inspiró una vasta sensación de tranquilidad, cada vez era mejor. Cuando mis últimos pasos se acercaban a lo que para mi era el final, ese sentimiento de plenitud, regresé como cuando rebobinan una película para verla una vez más, un salto me levantó de la camilla, escuche de nuevo mis propios latidos, luego el sonido de las maquinas a las que estaba conectada, y volví a sentir dolor.
Hoy aun sin entender si conocí lo que hay después de la muerte, han pasado 24 años, soy una mujer casada y tengo 2 hijos, ahora si entiendo el milagro de la vida.
Tatiana Medina Botero
Ilustración: Maestro Diego Muñoz
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